Yo la comida la prefiero con sal
cerveza amarga y los mates igual
que el sol me queme cuando salgo a pasear
y que haga frío cuando voy a acampar
(E) Y así la vida
me tengo que ganar
sin la mentira
¿como saber cuando vea la verdad?
Tajo certero de la angustia fatal
que marca el borde de la felicidad
que me recuerda lo que no hay que olvidar
y que me empuja si me empiezo a quedar
(Estribillo)
(Puente) En amores renuncia y opción
acechando la satisfacción
cicatrices que muestran quien soy
con orgullo de buen perdedor
Descubrí que es más fácil andar
cuesta arriba que tener que explicar
(Estribillo)
Adormecido por la comodidad
anestesiado de tanto trabajar
un trago amargo que me de el envión
para empezar por fin la revolución!
(Estribillo)
16 de junio de 2009
Amargo
Siguiendo con mi inconclusa, por no decir nunca empezada, línea de reivindicaciones otoño/invierno 2009, acá transcribo la letra de un tema que acabo de terminar (la letra; el tema ya peina canas) que posiblemente estrenemos en vivo el viernes. Para evitar intertextualizaciones y cosas raras, explicito: es un manifiesto a favor del esfuerzo, las cosas difíciles, en contra de los regalos y los resultados fáciles y a favor de todo lo que en el mundo en su justa medida pincha, pica, duele, arde y nos hace sentir vivos. No es un manifiesto masoquista. Bah, me hinché las pelotas. Dice así:
9 de junio de 2009
Esta mañana
Los del Federal se deben creer re filántropos con el trabajo ese que le dan a los muchachos de sostener carteles en los semáforos. Segúramente en su balance moral lo ponen en el casillero "obras de bien"
La tapa de la revista Gente prácticamente no se distingue de la (tapa) de la (revista) Hombre.
Improductivo blog. Tampoco ando bien para las letras y la banda anda con exceso de canciones nuevas esperando la pluma. ¡Qué esperanza! En compensación puedo argumentar que estuve hacendoso a nivel boludeces. Pedales, caja para la guitarra, transformadores.
Si me pagaran por hacer boludeces... andaría a la puteadas, odiaría las boludeces y añoraría trabajar desarrollando sistemas y charlando con los clientes.
Proyectos.
La tapa de la revista Gente prácticamente no se distingue de la (tapa) de la (revista) Hombre.
Improductivo blog. Tampoco ando bien para las letras y la banda anda con exceso de canciones nuevas esperando la pluma. ¡Qué esperanza! En compensación puedo argumentar que estuve hacendoso a nivel boludeces. Pedales, caja para la guitarra, transformadores.
Si me pagaran por hacer boludeces... andaría a la puteadas, odiaría las boludeces y añoraría trabajar desarrollando sistemas y charlando con los clientes.
Proyectos.
29 de mayo de 2009
No puedo
No puedo volar. No puedo volver el tiempo atrás. No puedo resucitar a los muertos. No puedo hacer que la gente piense o deje de pensar lo que yo quiero. ¿Es un problema cultural no amigarse con la propia impotencia? Hace falta repartir muchos castañazos para provocar una ola de ahumildamiento (permítaseme el neologismo). No autoayuda, menos derechos, no religión, no le eches la culpa a Dios, el mercado no te va a ayudar, que sos, ¿el dueño de Techint, sos? Perdón, estoy muy irritado últimamente. Mucha tele, muchas noticias, mucho Vargas Llosa y notitas mala leche al embajador de Venezuela. Te juro que a veces me gustaría tener una mirada más distante o no tener que defender lo que no comparto o que la estupidez ajena me moleste menos: pero claro, todo no se puede.
11 de mayo de 2009
Samara
Samara era la mujer más fea del mundo. No es una apreciación subjetiva: así lo anunciaba en letras de molde el panfleto del circo en el cual trabajaba. Su número tenía un relativo éxito, quizás porque muchos pagaban su entrada para poder decir, "no, tal o cual es más fea". Sin embargo nadie dudaba, después de verla sentada en su silla, en su pequeña carpa. Así recorría el mundo, de pueblo en pueblo, y gozaba de una modesta fama. Por las noches, en algún lugar cualquiera, después de la función, se acercaba al boliche o bar o lo que fuese, y era inmediatamente reconocida. Muchos se acercaban a hablarle, a preguntarle que se sentía. "Nada", decía ella, que era la mujer más fea del mundo pero no era engreída.
Un día, en un rincón dejado de la mano de dios, un hombre pagó su entrada y entró a verla. "A mi no me parece fea", dijo. De hecho, el hombre se enamoró. Hubo algunas idas y vueltas en la historia de Samara y el hombre, barroquismos que no vienen al caso, pero al final ella aprendió a conocerlo y también se enamoró de él. Abandonó el circo y se casaron.
Ahora Samara vende celulares a comisión en un localcito en el centro. Ya casi nunca habla con nadie.
Un día, en un rincón dejado de la mano de dios, un hombre pagó su entrada y entró a verla. "A mi no me parece fea", dijo. De hecho, el hombre se enamoró. Hubo algunas idas y vueltas en la historia de Samara y el hombre, barroquismos que no vienen al caso, pero al final ella aprendió a conocerlo y también se enamoró de él. Abandonó el circo y se casaron.
Ahora Samara vende celulares a comisión en un localcito en el centro. Ya casi nunca habla con nadie.
4 de mayo de 2009
La una de la mañana
Fin del trajín, ya la casa casi reposa silenciosa, cruje quizás algún marco, el vacuo pero omnipresente sonido de la calle llega indistinto desde todos lados. Es en este momento que escucho palpitar mi propio corazón, siento el flujo de la sangre en mi carótida y el pitido del oído derecho toma visos sinfónicos. En el caldero de la mente bullen las ideas como un barro espeso, y quien sabe por qué, aflora a la superficie el recuerdo de esto que escribí hace un tiempo. Ahora lo releí y no me lo acordaba así. Como siempre que acometo la autorelectura me doy cuenta que las buenas intenciones exceden lo finalmente escrito, que sin una exégesis de mi propio texto hecha por mi ni yo mismo capto el sentido completo de lo que quise decir. O sea, para entenderlo tengo que ser yo. Eso de la comunicación es mentira, vivimos en el más completo aislamiento. En fin, el punto es que me puse a pensar en el infinito, numéricamente hablando, me refiero. Por ejemplo (me dije, asombrado de mi propia agudeza mental) es posible eliminar, de un conjunto infinito, infinitas veces una cantidad infinita de elementos, y que aún asi el resultado sea infinito. Ffff qué complicado. A ver: tomemos los números naturales, 1, 2, 3, etc (ad inifitum; ja! qué jodón). Saltemos el uno. Tomemos el 2. A ese lo dejamos, pero ahora recorremos el conjunto eliminando los múltiplos de 2. (4, 6, 8...). Pasemos al 3. Lo dejamos pero eliminamos sus múltiplos (los que queden; el 6 ya no está: 9, 15 ...). Siguiente elemento, el 5 (el 4 ya no está), y así sucesivamente. Al rato, o esta mañana recapitulando, caí en la cuenta de que eso es la Criba de Eratóstenes, milenario método recursivo para hallar los números primos. O sea que de ingenio, nada. Y además me entró la duda. ¿En cada paso siempre se elimina un número infinito de elementos? ¿La cantidad de pasos puede ser infinita? La intuición me dice que si; pero me da una paja tremenda agarrar lápiz y papel y hacer la demostración formal. Así que nada, me quedé contando ovejas. Por suerte no fueron infinitas; habré llegado a quince o veinte nomás.
27 de abril de 2009
1 de abril de 2009
El tonto dicho ese
que reza algo asi como "nunca es triste la verdad lo que no tiene es remedio" y que fuera alguna vez triturado por Dolina en la radio, creo que se debe a un error, una malinterpretación, uno de esos teléfonos descompuestos en los que suele caer la gente repitiendo mal lo que oyó en el colectivo. En realidad debería ser "nunca es triste la MUERTE lo que no tiene es remedio". Morirse no es triste. Para el que se muere no, porque ya no se entera de nada. Para los que quedan tampoco, suelen ser otros sentimientos los que dominan por encima de la tristeza, algunos de los cuales serían bronca, nostalgia (sutilmente diferente, pero no es lo mismo que tristeza) y culpa. Entonces Podeti (es raro sentir relativa afinidad y confianza, unilateral, está claro, con alguien, como en este caso, y no poder decirle por el nombre de pila) se despacha con su Un Año, y eso se encadena con la muerte de Alfonsín, y esa muerte, no se por qué, me recordó la de Fontanarrosa. Y la del negro se enlaza con la de mi abuelo, y con el padre de Rosario, y asi la cosa. Uno ya a cierta altura del partido también piensa, a veces, en la muerte de los propios padres. O, como la otra noche, con una opresión en la espalda y una falta de aire y no poder respirar y cierta desesperación, ¿será un infarto? ¿un ataque de pánico?, se plantea la pregunta, ¿y si me muero acá? ¿cómo será morirse? Todo mal. Tantas cosas que todavía no hice. Y aunque no haga nada: tantas cosas que todavía no vi como hicieron los demás. O ni siquiera. Quiero quedarme tirado panza arriba, nomás respirando. No me quiero morir nunca. ¿Esto se llama depresión? No debe ser, salvo que -no sería raro- yo haya vivido deprimido toda mi vida. Lo que iba a escribir sobre Alfonsín que, aclaremos, osciló en mi consciencia entre la indiferencia y el rechazo innato que le tengo a todos los radicales, convengamos que venir de una familia de abuelo y padre peronista y madre zurda quizás me haya formado cierto prejuicio sobre el radicalismo que me llevó cuarenta años erradicar, por lo tanto calculo que para el 2012 podré decir "radical" sin que se me frunza un poco la jeta; sobre Alfonsín, decía, y Caparrós y el honestismo, que justo se empalmó el tema porque parece que una de las cosas que más le elogian es que era honesto, lo cual está bien, pienso, pero no es suficiente; en fin, al grano, el post se me dispersó. Parece que lo estoy criticando, pero no. Justamente porque me era indiferente es que aborrezco también esa muerte. Lo de Vivian Forrester y todo lo demás, quedará para la próxima. Al fin y al cabo, ¿qué importan la política, y la economía, y la explotación, y la mentira, si al final nos vamos a morir igual?
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