25 de noviembre de 2010

Easy

Easy is the word of the day.

Easy comes, easy goes, take it easy.


(Asignar una melodía pop, y cantar durante cien kilómetros seguidos)

29 de octubre de 2010

Dolina

Mucho tiempo estuvo off este video. Autoreferencial para mi solito.
"El marxista tiene muchas dificultades para ser cínico" (entre otras cosas)

28 de octubre de 2010

Néstor y peronismo siglo XXI

¡Qué lo parió! Ante la muerte el sentimiento que más me aprieta sigue siendo la bronca antes que la tristeza. La tristeza puede ser más a largo plazo, más melancólica y hasta te diría soportable. Pero la bronca es otra cosa, es fuego y ganas de salir a romper cosas. ¡Qué mundo de mierda! Y que haya tanto hijo de puta festejando no mitiga la cosa, no.
La inevitabilidad y previsibilidad del asunto no lo quita nada. ¡Para qué todo, si al final nos vamos a morir igual! Ya se, ya se. Y Néstor tuvo banderazos antes, también ya se. Y así y todo cuando te enterás te quedás op.... no caés. Después si, caés.
Yo no sé quién fue realmente Néstor Kirchner. No lo conocí (aunque estuve a punto, el día que vino a Lobos). No sé qué pensaba, más allá de lo que dijo públicamente, y para mi fue suficiente. No se si, como dicen sus feroces críticos, era un cínico, un demagogo, un enfermo de poder que todo lo que hacía lo hacía persiguiendo una ambición personal u objetivos incofesables. No lo se. Sólo sé que el resultado de su gobierno (y el de Cristina) cumple las espectactivas de lo que yo llamo peronismo. Que fue de casualidad, que el viento de cola, que como dice el mail del PST "fueron logros del pueblo argentino", todo lo que vos quieras, pero el presidente, el líder, fue Néstor. Claro, dicen seguramente la misma clase de personas, si Newton no inventaba el cálculo o no escribía el "Philosophiæ naturalis principia mathematica" alguien más lo iba a hacer. Si, seguro. Pero fue Isaac. Fue Néstor.
Y me soban bien la garza los que no entienden, mejor dicho los que se hacen que no entienden, a que se refiere peronismo. Los ñañañosos que te corren con boludeces, con Menem, Duhalde, Lopez Rega. El peronismo es una religión política, como todas las ideologías, y se define por unos axiomas muy sencillos: Justicia Social, Soberanía Política e Independencia Económica. Ahora agarrá las siguientes medidas y legados y ponelos en el casillero que corresponda, Ley de Medios, asignación universal, recuperación de la jubilación de manos de las AFJP, desendeudamiento y patada en el orto al FMI, Unasur, etc etc. Y si a alguien no le caben en los axiomas se las pueden meter bien en el orto también. Eso es peronismo, y no un escudito ni la franquicia PJ ni la poronga, digan lo que digan Macri, DeNarvaez y demás. En fin, llega la hora de ser reiterativo así que podemos proceder a retirarnos, a hacer cada uno lo que tengamos que hacer y algunos, a recordar a la figura que encarna el renacer del peronismo siglo XXI.

13 de octubre de 2010

Desventuras

Uno

Si tuviésemos que elegir el viaje científico menos cordial de todos los tiempos, no podríamos dar con uno pero que la expedición a Perú de 1735 de la Real Academia de Ciencias Francesas. Dirigida por (...) Pierre Bouguer y (...) Charles Marie de La Condamine, (...) viajó a Perú con el propósito de triangular distancias a través de los Andes. (...)
Las cosas empezaron a salir mal casi inmediatamente. En algunos casos de forma espectacular. En Quito, los visitantes debieron provocar de algún modo a los habitantes de la ciudad, porque una multitud armada con piedras los expulsó de allí. Poco después, el médico de la expedición fue asesinado por un malentendido relacionado con una mujer. El botánico se volvió loco. Otros murieron de fiebres y caídas. El miembro del grupo que ocupaba el tercer puesto en autoridad, un individuo llamado Pierre Dodin se fugó con una muchacha de trece años y no hubo modo de convencerlo de que se reincorporase a la expedición.
En determinado momento, el grupo tuvo que suspender sus trabajos durante ocho meses, mientras La Condamine regresaba a caballo a Lima para resolver unos problemas que había con los permisos. Finalmente, Brouguer y él dejaron de hablarse y se negaron a trabajar juntos. (...)
Los franceses no sólo tuvieron que escalar algunas de las montañas más tremendas del mundo, sino que, para llegar a ellas, tuvieron que atravesar ríos peligrosos, abrirse camino por selvas a golpe de machete y recorrer kilómetros de desierto alto y pedregoso (...). Pero si Bouguer y La Condamine tenían algo era tenacidad, así que persistieron en la tarea durante nueve y medio largos y penosos años de sol abrasador. Poco antes de dar fin a la empresa, les llegó la noticia de que un segundo equipo francés, que había efectuado mediciones en la región septentrional de Escandinavia (...) había descubierto ya que el grado era en realidad mayor cerca de los polos, como había pronosticado Newton. (...)
Bouguer y La Condamine se habían pasado así casi diez años para obtener un resultado, que no era el que querían, sólo para enterarse ahora de que ni siquiera eran los primeros que lo hallaban. Terminaron sus mediciones apáticamente, confirmando con ellas que el primer equipo francés estaba en lo cierto. Luego, sin hablarse aún, regresaron a la costa y zarparon hacia su patria en barcos diferentes.


Dos

El infatigable Edmond Halley había postulado (...) que si se medía el tránsito de Venus por delante del Sol desde puntos determinados de la Tierra, se podían utilizar los principios de la triangulación para calcular la distancia de la Tierra al Sol y para calcular luego las distancias a todos los demás cuerpos del sistema solar.
(...) Fue la primera empresa científica internacional cooperativa de la historia, y surgieron problemas en casi todas partes. Muchos observadores se vieron frustrados en sus propósitos por la guerra, la enfermedad o el naufragio. Otros llegaron a su destino, pero cuando abrieron sus cajas se encontraron con que el equipo se había roto o estaba alabeado por el calor del trópico. Los franceses parecieron destinados una vez más a aportar los participantes más memorablemente desafortunados. Jean Chappe pasó meses viajando por Siberia en coche de caballos, barco y trineo, protegiendo sus delicados instrumentos de las peligrosas sacudidas, sólo para encontrarse con el último tramo vital de la ruta bloqueado por desbordamientos fluviales, consecuencia de unas lluvias de primavera particularmente intensas, que los habitantes de la zona se apresuraron a achacarle a él después de verle enfocar hacia el cielo sus extraños instrumentos. Chappe consiguió escapar con vida, pero no pudo realizar ninguna medición útil.
Peor suerte corrió Guillaume Le Gentil, cuyas experiencias resumió maravillosamente Timothy Ferris en Coming of Age in the Milky Way. Le Gentil partió de Francia con un año de antelación para observar el tránsito en la India, pero se interpusieron en su camino diversos obstáculos y aún seguía en el mar el día del tránsito... Era precisamente el peor sitio donde podía estar, ya que era imposible efectuar mediciones precisas en un barco balanceante en movimiento.
Le Gentil, pese a todo, continuó hasta la India para esperar allí el tránsito siguiente, el de 1769. Como disponía de ocho años para prepararse, pudo construir una estación observatorio de primera categoría, comprobar una y otra vez los instrumentos y tenerlo todo a punto. La mañana del segundo tránsito, el 4 de junio de 1769, despertó y comprobó que hacía un dia excelente. Pero justo cuando Venus iniciaba el tránsito, se deslizó delante del Sol una nube que permaneció allí casi las tres horas, catorce minutos y siete segundos que duró el tránsito.
Le Gentil empaquetó estoicamente los instrumentos y partió hacia el puerto más cercano, pero en el camino contrajo disentería y tuvo que guardar cama casi un año. Consiguió finalmente embarcar, débil aún. En la travesía estuvo a punto de naufragar en la costa africana debido a un huracán. Cuando por fin llegó a Francia, once años y medio después de su partida, descubrió que sus parientes le habían declarado muerto en su ausencia y se habían dedicado con gran entusiasmo a dilapidar su fortuna.




Extraído sin permiso de "Una breve historia de casi todo" de Bill Bryson.

9 de agosto de 2010

Prejuicio y melancolía

Admito, o me vanaglorio, de ser capaz de rastrear en mí mismo el origen de la mayoría de mis prejuicios. Es un ejercicio interesante en todo sentido, aunque no siempre fructífero. Sensaciones o pareceres arraigados en mí desde la época en la que blando como masilla me formaba, ahora que soy duro como la piedra se me hace cuesta arriba modificarlos. Eso no quita que cada tanto un martillazo certero me haga saltar alguna esquirla, entre chispazos y olor a quemado. También es interesante porque me permite ver en los demás, casi siempre, por donde les tira la sisa, por así decirlo.
La melancolía, por otro lado. Esa cosa tan difícil de definir de tan parecida a la nostalgia. ¿Será la melancolía una de esas características del ser que se me han pegado de puro argentino nomás? Tampoco es que sea un tipo de andar todo el día con los ojos vidriosos y suspirando por los rincones, al contrario suelo disfrutar bastante de las historias y las canciones melancólicas, así como de la vida, que de por si es melancólica. Pero la nostalgia es el ansia por lo lejano o la pena por una dicha perdida (dice la rae), la melancolía es más un estado de ánimo continuo. Será por eso que uno se ata a sus pequeños fetiches, manías que intentan convencernos de lo contrario a lo evidente, el tiempo no pasa, ya no somos niños, puedo volver a Roca y sentir lo que sentía hace 25 años.
Así que en el sopor del viaje en auto, ponen en la radio un tema que no conocía, y aquí mis retazos de prejuicio y melancolía. Prejuicio porque Serrat siempre, o mejor dicho hasta hace relativamente poco, estuvo negado para mi por tenerlo muy asociado a lo psicobolche que detesto tanto. No conozco casi nada salvo lo evidente de su producción, y asi y todo este tema, aún con esos horribles violincitos chillones de fondo, tocó en mi una fibra de melancolía que no tan extrañamente, me resultó muy agradable. Será que melancolía es eso, poder por fin escuchar algo como esto y entenderlo todo con una sonrisa cómplice, y no sensiblería pedorra.

6 de mayo de 2010

Fondito

No se me puede -o sí: hagan lo que quieran- acusar a mí justamente, ¡a mí! de consumista. Tengo en mi haber una larga lista de juntamientos de mugre, reaprovechamiento de objetos para variadas funciones, recolecciones en la vía pública, utilización de bienes muebles e inmuebles mucho más allá de la vida útil estimada (o soñada) por el fabricante, reciclados varios y fabricación de caballitos para niños con palos de escoba.
Pero: ¿qué tienen en común el desodorante, el champú[1], el dentífrico, la coca cola o el jugo incluso, el poxirán, y tantas cosas más? A saber, o sea, sépanlo: la posesión de alguna cualidad metafísica que se desvanece al irse acabando la cosa. No estoy hablando del gas de la cerveza, ausente en el último e intomable cuarto de litro; ni de la temperatura, que se podría recuperar a su valor legar poniéndola en la heladera; ni tampoco de la natural evaporación del algún solvente.
Pero supongamos, que hace ya un mes venimos exprimiendo ese último, asintótico e infinito resto de dentífrico del pomo: ya no lava como antes, ni nuestros dientes quedan tan frescos ni blancos como en la primera aplicación de pasta virgen. O nos echamos unos últimos y borbotantes rastros de Axe Musk en el sobaco en la esperanza de que nos mantendrán -relativamente- inodorizados o al menos disimulados durante el día: pues no, a mediatarde ya apestamos. Las última eyaculaciones del shampoo[1], esas que deberemos arrancar del pomo entre imprecaciones a la madre que nos parió y a la fallida lista del supermercado y a nuestra maricona debilidad capilo-cutánea que hace que si no nos refregamos la saviola con _ese_ exacto y específico producto "Marote&Hombros" que descubrimos recién a los veinticinco años de edad andemos por la vida como si tuviéramos un rallador de queso en el cráneo, esas últimas, decía, ya no nos dejarán nuestra melena (y barba y bigote y cara) suaves y desengrasadas con la misma efectividad, y etcétera.
Es decir, que más allá de las explicaciones físico-químicas del caso, aun queda, como en los UFO, un porcentaje de agravio sin explicar. Ahí es cuando entra mi propuesta, de que, digo, de que los fabricantes sabedores de la inefectividad y falencia del último tanto por ciento de su producto, estén obligados a empacar -y señalar claramente en el envase- la línea debajo de la cual se considera "fondo" de la cosa y ya la podemos tirar a la remismísima mierda.
Chau, me voy a seguir trabajando por la grandeza de la Patria. Buenas noches.




[1] Shampú, champú, yampoo, champ-u o como tonga se le quiera decir.