9 de agosto de 2010

Prejuicio y melancolía

Admito, o me vanaglorio, de ser capaz de rastrear en mí mismo el origen de la mayoría de mis prejuicios. Es un ejercicio interesante en todo sentido, aunque no siempre fructífero. Sensaciones o pareceres arraigados en mí desde la época en la que blando como masilla me formaba, ahora que soy duro como la piedra se me hace cuesta arriba modificarlos. Eso no quita que cada tanto un martillazo certero me haga saltar alguna esquirla, entre chispazos y olor a quemado. También es interesante porque me permite ver en los demás, casi siempre, por donde les tira la sisa, por así decirlo.
La melancolía, por otro lado. Esa cosa tan difícil de definir de tan parecida a la nostalgia. ¿Será la melancolía una de esas características del ser que se me han pegado de puro argentino nomás? Tampoco es que sea un tipo de andar todo el día con los ojos vidriosos y suspirando por los rincones, al contrario suelo disfrutar bastante de las historias y las canciones melancólicas, así como de la vida, que de por si es melancólica. Pero la nostalgia es el ansia por lo lejano o la pena por una dicha perdida (dice la rae), la melancolía es más un estado de ánimo continuo. Será por eso que uno se ata a sus pequeños fetiches, manías que intentan convencernos de lo contrario a lo evidente, el tiempo no pasa, ya no somos niños, puedo volver a Roca y sentir lo que sentía hace 25 años.
Así que en el sopor del viaje en auto, ponen en la radio un tema que no conocía, y aquí mis retazos de prejuicio y melancolía. Prejuicio porque Serrat siempre, o mejor dicho hasta hace relativamente poco, estuvo negado para mi por tenerlo muy asociado a lo psicobolche que detesto tanto. No conozco casi nada salvo lo evidente de su producción, y asi y todo este tema, aún con esos horribles violincitos chillones de fondo, tocó en mi una fibra de melancolía que no tan extrañamente, me resultó muy agradable. Será que melancolía es eso, poder por fin escuchar algo como esto y entenderlo todo con una sonrisa cómplice, y no sensiblería pedorra.

6 de mayo de 2010

Fondito

No se me puede -o sí: hagan lo que quieran- acusar a mí justamente, ¡a mí! de consumista. Tengo en mi haber una larga lista de juntamientos de mugre, reaprovechamiento de objetos para variadas funciones, recolecciones en la vía pública, utilización de bienes muebles e inmuebles mucho más allá de la vida útil estimada (o soñada) por el fabricante, reciclados varios y fabricación de caballitos para niños con palos de escoba.
Pero: ¿qué tienen en común el desodorante, el champú[1], el dentífrico, la coca cola o el jugo incluso, el poxirán, y tantas cosas más? A saber, o sea, sépanlo: la posesión de alguna cualidad metafísica que se desvanece al irse acabando la cosa. No estoy hablando del gas de la cerveza, ausente en el último e intomable cuarto de litro; ni de la temperatura, que se podría recuperar a su valor legar poniéndola en la heladera; ni tampoco de la natural evaporación del algún solvente.
Pero supongamos, que hace ya un mes venimos exprimiendo ese último, asintótico e infinito resto de dentífrico del pomo: ya no lava como antes, ni nuestros dientes quedan tan frescos ni blancos como en la primera aplicación de pasta virgen. O nos echamos unos últimos y borbotantes rastros de Axe Musk en el sobaco en la esperanza de que nos mantendrán -relativamente- inodorizados o al menos disimulados durante el día: pues no, a mediatarde ya apestamos. Las última eyaculaciones del shampoo[1], esas que deberemos arrancar del pomo entre imprecaciones a la madre que nos parió y a la fallida lista del supermercado y a nuestra maricona debilidad capilo-cutánea que hace que si no nos refregamos la saviola con _ese_ exacto y específico producto "Marote&Hombros" que descubrimos recién a los veinticinco años de edad andemos por la vida como si tuviéramos un rallador de queso en el cráneo, esas últimas, decía, ya no nos dejarán nuestra melena (y barba y bigote y cara) suaves y desengrasadas con la misma efectividad, y etcétera.
Es decir, que más allá de las explicaciones físico-químicas del caso, aun queda, como en los UFO, un porcentaje de agravio sin explicar. Ahí es cuando entra mi propuesta, de que, digo, de que los fabricantes sabedores de la inefectividad y falencia del último tanto por ciento de su producto, estén obligados a empacar -y señalar claramente en el envase- la línea debajo de la cual se considera "fondo" de la cosa y ya la podemos tirar a la remismísima mierda.
Chau, me voy a seguir trabajando por la grandeza de la Patria. Buenas noches.




[1] Shampú, champú, yampoo, champ-u o como tonga se le quiera decir.

14 de abril de 2010

Mercedes in your face

Y no me refiero a darte la jeta contra un auto.

-- ahhhh la puta madre, los dedos duros tengo de tanto no-escribir acá --

¿Qué profundo misterio cultural, o biológico quizás, deja soldada en nuestras conciencias cierta asociación entre determinada climatología y determinado estado de ánimo?
Y ojo que no estoy hablando de agarrar y sentirse peronista los días soleados.
Hay que escaparle a eso, dejar de sentirse melancólico los días lluviosos, deprimido los domingos a la tarde, angustiado a las tres de la mañana, suicida en fin de año, y empezar a patear piedritas cualquier día a cualquier hora. Qué mierda.

29 de enero de 2010

Calor

"Noticias" astronómicas como esta son un poco seca cabezas, ¿no?

Proponga una un poco más dramática:


Hoy, exactamente a las 22:14, se producirá un evento único e irrepetible: por primera vez en la historia no digamos ya de la Humanidad, sino del Universo Todo, será 29 de enero del 2010 a las 22:14, y Usted estará parado en el exacto punto del continuo espacio-temporal en el que esté, y podrá elevar sus ojos al cielo y recibir una combinación de fotones que jamás se ha producido nunca; y tendrá la edad que tenga (no sólo en años, sino también en meses, días, horas y minutos) por primera y única vez, y sus pensamientos y sensaciones en ese momento también serán único y nuevos, y lo que es más sorprendente aún, el evento no volverá a producirse nunca jamás por toda la Eternidad.

Escalofriante, ¿verdad?
Ha llegado el momento de tomar consciencia que todos y cada uno de nosotros somos, al igual que cada uno de los instantes que componen nuestra existencia, Únicos. Guau.

26 de enero de 2010

Comentario

Hoy, o ayer, o sea hoy a la mañana, me levanté jetón y por qué no, egoísta.
Así que voy a, en un sólo paso, vociferar y auto-citarme, dos de los peores pecados de la internet.

Alguien comentó en un blog (y abajo mi comentario):
A kirchneristas y anti-kirchneristas, los invito a leer un discurso pronunciado en 1880 por Juan Bautista Alberdi, que es de una actualidad increible:

http://www.panarchy.org/alberdi/estado.1880.html



¡Ah, el siglo XIX, con todas las ilusiones intactas y el positivismo tan campante! Claro, después falta analizar un poquito el siglo XX, donde aquella nación tan próspera, repleta de egoísmo bien entendido y sin patriotismos cuasi místicos, metió baza en dos guerras mundiales y en varias guerritas menores de índole racial, política y económica, incluyendo bombazo nuclear. También estaría bien preguntarse cuales son hoy las condiciones de vida en la tierra de la libertad del norte; libertades que, tengo entendido, están bastante reducidas en aras de "la seguridad nacional", y libertades que aparte no garantizan el estado de bienestar ni mucho menos; libertad de ser pobre, negro, de no tener seguro médico. No intervencionismo del estado que se acabó en el '30 y en el '09, donde los paladines de la libertad individual salieron a pedirle a su estado (a todos los estados!) que los salven de la debacle de sus riquezas en la que ellos mismos se habían metido. Conclusión: venimos ahora a enterarnos de que la culpa de todos los males de la Argentina, es que los pobres sojeros no tienen la libertad de enriquecerse todo lo que quieran, a costa del empleo, del futuro de las tierras y de unas condiciones económicas internas que bancamos entre todos. Mirá vos.

15 de enero de 2010

Plus

El yeite es asi: vos, empresa preferentemente monopólica productora o comercializadora de un producto de consumo masivo e irreemplazable, producto que por esas mismas características está siempre en el ojo sensible del consumidor y posiblemente del gobierno, quien seguramente te regule su precio, un día te hinchás las pelotas de no poder aportarle ultramillonarios dividendos a tus accionistas y pergeñás la siguiente maniobra: sacás el mismo producto pero plus!, que sospecho que como en aquella visita a la cervecería Duff todas las canillas, Duff, Duff Light y Duff Cherry unen sus caños en el mismo tanque, o a lo sumo le echás un poquito de colorante o de sulfato de calcio, y lo vendés más caro. Iniciás campañas de marketing viral y pernicioso donde terminás convenciendo a la gilada de que el producto plus! no es un plus! si no una necesidad y que tu propio producto regular tiene algún defecto o carencia fundamental, y luego de a poquito vas haciendo que sea cada vez más difícil de conseguir hasta lo imposible; eso si, nunca lo retires de la lista de precios porque ese rótulo es el que esgrimirás cuando alquien te cuestione los aumentos o las prácticas monopólicas. Es conveniente también que con el tiempo saques el producto EXTRA plus!, para justificar las ansias tilingas de compras lo MEJOR y más CARO, y de paso diferenciar al pelagatos que sólo compra plus!

Y es así como tenemos

YPF común (andá a encontrarla), super y fangio.
La Serenísima leche común (ya no se consigue), extra calcio y fortificada con hierro.