No es el miedo una sensación que me resulte muy conocida. No por valiente sino más bien por desinteresado. Las veces que tuve miedo fue más bien un miedo "físico". Recuerdo de joven -¡esa frase es de viejo!- con los amigos, cruzando El Río (va con mayúsculas, porque aunque es el río Negro, para los roquenses es El Río). Era tarde, cerca de las nueve. El sol acababa de caer tras la alameda. Estábamos del otro lado y habíamos pasado todo el día corriendo y nadando por ahí. Eramos como Tom Sawyer pero más pelotudos. A la vuelta nos agarramos de un tronco al cual atamos las remeras y las zapatillas y nos largamos a cruzar, fácil 100 metros de intempestiva corriente. El tronco, viejo y esponjado, comenzó a chupar agua y hundirse. Ya cerca lo largamos (en la maniobra perdí una Topper) e hicimos el sprint final hasta la costa, traicionera costa que parecía pasar rauda y que pese a su aparente cercanía no me ofrecía un fondo amigo donde hacer pie. Cada brazada era un último esfuerzo. Ya no podía más y me dije, "má si, hasta acá llegué" - casi podía tocar los yuyos de la orilla con la mano - y me largué. ¡Tonga! Pasé como plomo hasta el fondo y tragué dos litros de agua. Desesperado, salí a flote como pude y TUVE MIEDO. Hasta acá llegamos, me ahogo. Pero después hice la plancha un rato y al final pude llegar.
Otra vez, ya más grande, podría argüirse que más pelotudo incluso, en plena sierra cordobesa, abandoné la seguridad del llano, la pipa y el barrilete por culpa de la pendiente que, al otro lado del río Panaholma, me miraba desafiante. Intrépido y arrojado me lancé a la conquista, vadeando el río, subiendo por las piedras primero, por un camino de cabras después, trepando con uñas y dientes por entre los yuyos y las enramadas. Los motes burgueses, riñonera, celular, cámara de fotos, colgando de mi ya no tan esbelta humanidad, no me facilitaban la cosa. El engaño de la perspectiva hizo que lo que parecía un "fácil descenso hacia la izquierda" se conviertiera en hora y media de errar entre cornisas y desfiladeros, no era el Aconcagua pero 30 metros de caída libre, que no parecen mucho hasta que pensás que son 10 pisos, son suficientes para hacerte recontramierda igual. En un momento logré cruzar la cañada haciendo como en las películas, una pata contra cada pared de piedra, ya a ésta altura (valga el doble sentido) estaba todo arañado, transpirado, cagado de sed (llevar cantimplora es de puto, la verdadera cabra montez encara masticando maníes salados). Tanto esfuerzo para encontrarme que del otro lado la pendiente de piedra era infranqueable, las zapatillas apenas me sostenían sobre una cornisa inclinada casi a 45 grados, y allá abajo la nada, tenía un CAGAZO PADRE. No me animaba a cruzar para volver, no podía seguir, no sabía que mierda hacer, fantaseaba con llamadas telefónicas y rescates en helicópteros, el REY de los pusilánimes boludos. Al final, pude bajar haciendo culopatín por la piedra, acumulando aún más espinas y moretones.
Luego todo pasó, y el miedo es anécdota.
Pero existe otra clase de miedo, el miedo que no pude sentir porque era muy chico en el '76, el que si sentí cuando fue lo del Beagle con Chile y veía pasar los trenes cargados de pertrechos militares y tanquetas y hacíamos ejercicios de oscurecimiento y pasaban los aviones en vuelo rasante en la oscuridad, el que sentí cuando reeligieron a Mennneeemmmm y cuando volaron la AMIA y la embajada.
Y un poquito de miedito me da ahora por ejemplo escucharlo a Asis en la tele, ver que Blumberg sigue y sigue, mirar que millones de vacas teledirigidas van a San Cayetano, saber que la guerra de hoy es igual que la de hace tres mil años, y que el Hombre nunca aprende, que dos guerras mundiales y la bomba atómica y decenas, centenas de millones de muertos no sólo no nos enseñan nada sino que para algunos son motivo de orgullo, y que el fanatismo existe y está a la vuelta de mi casa. Eso y algunas cosas más, si te parás a pensar, quizás como a mi te den un poquito de miedito.
20 de noviembre de 2009
12 de noviembre de 2009
Chapter 10
The Universe, as has been observed before, is an unsettlingly big place, a fact which for the sake of a quiet life most people tend to ignore.
Many would happily move to somewhere rather smaller of their own devising, and this is what most beings in fact do.
For instance, in one corner of the Eastern Galactic Arm, lies the large forest planet Oglaroon, the entire "intelligent" population of which lives permanently in one fairly small and crowded nut tree. In which tree they are born, live, fall in love, carve tiny speculative articles in the bark on the meaning of life, the futility of death and the importance of birth control, fight a few extremely minor wars and eventually die strapped to the underside of some of the less accessible outer branches.
In fact the only Oglaroonians who ever leave their tree are those who are hurled out of it for the heinous crime of wondering whether any of the other trees might be capable of supporting life at all, or indeed whether the other trees are anything other than illusions brought on by eating too many Oglanuts.
Exotic though this behavior may seem, there is no life form in the galaxy which is not in some way guilty of the same thing, which is why the Total Perspective Vortex is as horrific as it is.
For when you are put into the Vortex you are given just one momentary glimpse of the entire unimaginable infinity of the creation, and somewhere in it a tiny little marker, a microscopic dot on a microscopic dot, which says "You are here".
The Hitchhiker's Guide to the Galaxy
Douglas Adams
9 de noviembre de 2009
Ellas saben
De acá

Durante años hemos creído que esas miradas estólidas, vacuas, escondían la Nada misma. Pero no; todo este tiempo hemos estado confundidos. Ellas saben. Las Vacas saben. No hay allí Ignorancia sino Certeza; no hay Vacío sino Seguridad. O quizás la confusión es peor aún, y esos términos son sinónimos. No sé qué me da más miedo, las afirmaciones de algunos humanos o el silencio de las reses. Piensenló (*) durante el próximo bife.
(*) ¿No hay palabras que deberían llevar dos tildes? "Piénsenló"

Durante años hemos creído que esas miradas estólidas, vacuas, escondían la Nada misma. Pero no; todo este tiempo hemos estado confundidos. Ellas saben. Las Vacas saben. No hay allí Ignorancia sino Certeza; no hay Vacío sino Seguridad. O quizás la confusión es peor aún, y esos términos son sinónimos. No sé qué me da más miedo, las afirmaciones de algunos humanos o el silencio de las reses. Piensenló (*) durante el próximo bife.
(*) ¿No hay palabras que deberían llevar dos tildes? "Piénsenló"
27 de octubre de 2009
Indeciso
A veces no sé, tengo una cosa acá, como que se me atraganta. Y es que hay días que miro el blog y digo, má si, lo cierro a la mierda. Otros días lo miro y digo, debería escribir algún cuentito, o pegar un youtubazo o fakin algo. Otros días, me indigno con cosas como éstas (*), y estoy a punto de afiliarme al MBP y volcar para el lado de la política. Al final, por supuesto, no hago un carajo, que es lo que la mayoría hacemos siempre.
(*) Como estas:
(*) Como estas:
Ni retenciones, ni regulación de los medios, ni reformas electorales. Las últimas encuestas de opinión revelan que la inseguridad es el problema que más preocupa a los argentinos.
La leí completita, completita. Si esto es lo peor que puede sacar el Señor Clarín, con toda la gana de quemarla en la hoguera a la negrita que tenían, definitivamente hay que santificarla a la Milagro. No para de decir cosas buenas, y cuando al Sr. se lo nota temeroso o enojado, es cuando más esperanzadora me parece la nota a mi. Y con toda la manivela que le habrán dado, ¿3000 juntaron nomás?
21 de octubre de 2009
La muerte de Trentren Vilú
Cantan los duendes tras ser liberados del flagelo:
Trentren ha muerto
¡Oiga! Le cuento:
Trentren ha muerto
Y ya no nos comerá.
Selk'nam con fuertes manos
las espadas empuñaron
sobre el lomo descargaron
sendos golpes, es verdad
Y en el mar queda su hermana
Caicai Vilú, se la llama
algún dia, no mañana,
misma suerte correrá
(Colaboración con Lucho para su obra en progreso "Wallj Mapu")
15 de octubre de 2009
Kawawunga
Las máquinas se rompen y luego se reparan. Los seres vivos nacen, crecen, se alimentan, si tienen suerte se reproducen, y mueren. Y a veces son encontrados en las veredas de las casas y salvados de saltearse dos o tres pasos de esa cadena. Los planes cambian y los imprevistos aparecen; quizás el 17 de Octubre no hagamos la caminata como dice ahi al costado y la hagamos el 30 y además en vez de hacerla por la vía desde Marcos Paz la hagamos desde el otro lado, por el lado de Saladillo-Roque Pérez, y en cambio un fin de semana cualquiera uno agarra la bici y hace 37 km por el pueblo y la laguna. Los recitales ocurren y uno que se ha cuidado toda la puta semana no va y se queda disfónico a la mitad del mismo, sin embargo el saldo es positivo. Algunos recuerdos se olvidan y otros, no necesariamente mejores, vienen a ocupar su lugar, pero por alguna cuestión tipo entropía o algo así, la cantidad total es siempre cada vez menor. El trabajo esclaviza and only love will free us.
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