10 de marzo de 2013

Hambruna

De "El Libro Negro de la Humanidad" de Matthew White.
En 1874, una sequía en las provincias indias del noreste (...) estropeó la cosecha. La hambruna amenazaba a millones de desgraciados campesinos, pero el funcionario local, sir Richard Temple, actuó rápidamente y estableció un sistema modelo de bienestar para aliviar el hambre. Importó medio millón de toneladas de arroz de Birmania y lo repartió gratuitamente entre los pobres. Gracias a la pronta acción de Temple, tan sólo murieron de hambre veintitrés personas en aquella hambruna. Esta acción ha sido calificada como "el único operativo de ayuda británica verdaderamente eficaz del siglo XIX" Temple fue severamente reprendido por esta extravagancia de alimentar a los nativos hambrientos a su cargo. El diario Economist lo regañó por enseñar a los indios que "es deber del gobierno mantenerlos con vida". Fue despreciado por toda la clase gobernante por gastar el dinero público e inmiscuirse en el orden natural de las cosas. Humillado por las críticas, Temple aprendió la lección y quiso enmendar las cosas. La oportunidad no tardó en presentarse, en 1876, cuando las lluvias monzónicas dejaron de producirse en una inmensa zona. La tierra se secó y murió. Las cosechas se perdieron y el ganado se consumió. Cuando Temple se hizo cargo de la tarea de supervisar el operativo de ayuda de esta nueva hambruna, estaba ansioso de demostrar que podía mantenerse dentro del presupuesto. "Todo ha de subordinarse" -prometió - "a la consideración económica de desembolsar la menor cantidad de dinero necesaria para preservar la vida humana". (...) Los dirigentes nativos de la India (...) siempre habían almacenado la cosecha de los años buenos como colchón contra los años de escasez, pero bajo el dominio británico, las buenas cosechas de los años anteriores se habían exportado a Inglaterra. Cuando en 1876 se perdieron las cosechas, no había nada que pudiera sustituirlas. La acrestía elevó los precios poniéndolos fuera del alcance del indio corriente. Los comerciantes acapararon las provisiones de cereales con la esperanza de que los precios subiesen aún más. (...) Finalmente, el gobierno colonial estableció campos de trabajo donde los hambrientos construirían canales y vías férreas a cambio de comida. En aquella época predominaba la filosofía de que la ayuda había de ser difícil de conseguir para evitar que los pobres se convirtiesen en dependientes crónicos de las limosnas del gobierno. Los beneficiarios tenían que trabajar duro para obtener su ración, cavando zanjas y partiendo piedras. Los campos sólo aceptaban a los que se encontraban en buenas condiciones físicas y a los sanos para sus proyectos de obras públicas, y solamente contrataban trabajadores procedentes de lugares que por lo menos estuviesen a dieciséis kilómetros de distancia, con la idea de que una larga caminata eliminaría a los enclenques. Centenares de miles fueron rechazados porque estaban demasiado débiles para ser de alguna utilidad. Gran parte de las autoridades británicas coincidían en que ayudar a los pobres creaba un ciclo de dependencia. El ministro de Economía declaró: "Cualquier intento bienintencionado de mitigar los efectos de la hambruna y de las defectuosas condiciones de salubridad únicamente sirve para acrecentar los males resultantes de la superpoblación". Lytton esgrimía que la población india "tiene tendencia a aumentar más rápidamente que los alimentos que ella misma obtiene de las tierras", y que cualquier ayuda simplemente redundaría en una mayor reproducción sin restricciones. Un informe gubernamental posterior concluía: "SI el gobierno gastaba más ingresos en ayudas a la hambruna, una proporción todavía mayor de la población acabaría en la miseria". La ración (...) de los internos de aquellos campos de trabajo era (...) de 1627 calorías. (...) tenía 123 calorías menos que la ración que recibía un preso en el campo de concentración nazi de Buchenwald en 1944. La ración (...) consistente en cuatrocientos cincuenta gramos de arroz al día, sin carne ni verduras, era la mitad de lo que recibían los convictos en las cárceles indias. Temple y Lytton impusieron la Ley Contra las Contribuciones Caritativas en 1877 en todas las tierras bajo su control, prohibiendo cualquier donación privada de ayuda que pudiera rebajar el precio del grano establecido por el mercado libre. Esta ley estaba respaldada por la amenaza de encarcelamiento. Entretanto, mientras la población india se moría de hambre, se exportaron a Europa más de 300.000 toneladas de grano procedentes de la India. Los futuristas y los modernistas esperaban que la nueva y maravillosa tecnología de la era moderna, en particular el ferrocarril, hiciesen de la hambruna algo obsoleto, transportando alimentos a las zonas afectadas, pero en la práctica, tuvo el efecto opuesto. Las zonas mejor comunicadas con el ferrocarril fueron las que mas sufrieron, porque aquello permitía a lso comerciantes exportar las cosechas locales a mercados más lucrativos. (...) Un editor inglés trató de que sus periodistas investigasen qué estaba sucediendo en la India. "Durante largos y reiterados años pedimos la suspención [del impuesto a la tierra] en tiempos de hambruna, pero fue en vano. Al no haber ninguna ley de los pobres en el país, y con la vieja política de dejar que la gente salga del apuro o muera, como pueda ... nosotros y nuestros contemporáneos hemos de hablar sin reservas o ser partícipes de la culpa de los asesinatos multitudinarios cometidos por los hombres cegados ante la verdadera naturaleza de lo que están haciendo en el país" Un informe gubernamental de 1878 sobre la hambruna absolvió al gobierno de toda responsabilidad culpando enteramente al clima. La estimación oficial fue de 5,5 millones de muertos en territorio británico, sin contar los estados nativos, pero varios eruditos calcularon después que durante la hambruna de 1876 murieron en toda la India entre 8 y 10 millones de personas.

2 de abril de 2012

Encuentro y liberación

Dando vueltas en bici con Manu me pega el grito "¡Una tortuga!". Estaba en medio de la calle a la vuelta de casa, parece que venía del zanjón.
La "rescatamos" y la llevamos (bicho grande y malhumorado, tirando dentelladas, agarrado con una mano andando en bici, not easy).




Organizamos y partimos en camioneta hacia algún arroyo por el campo.




El momento cúlmine.



Agotados tras la larga tarde de ecologismo.




La yapa: exótica y milenaria cara sumergida en el fondo del arroyo. Para mi que la hicieron los mismos ovnis que andan por la laguna.

12 de febrero de 2012

La calzada

Hay la Alta Extremadura, o tierras de Cáceres, y hay la Baja Extremadura, que es Badajoz. Corre las tierras altas un río encajado: Tajo, por las bajas, Guadiana: un río divagante.
Un río, un camino... Muchos son los caminos de Extremadura. Caminos que van y vienen, y surcan, atrochan, riegan el mapa de las Extremaduras. Como de siempre, tienes el camino de piedra: la Calzada.
A un lado y a otro lado, siguiendo esta calzada, se te aparecen las ciudades, frutos de construcción entre cuyos muros presientes el legado -el alma- de la raza y todavía alienta la voz de los muertos.
Media docena de calzadas tendió Roma para comunicar esas ciudades. De todas sus calzadas yo me quedo -y por ella te echo a andar- con la Vía argentea o Camino de la Plata.
Primer meridiano de Extremadura, la Vía de la PLata sube en busca de Astorga, Asturica Augusta, Asturias de los cismontanos, donde la tierra es bermeja, pámpana el campo, y los pueblos rodean en ejido con lagares. Sobre la piedra antigua, la carretera corta secas barrancas de cardos.
Pero imagínate -no que vas- que vienes, a contra Calzada, y es un desierto de luna, blanco feldespato loco mirando a Tordesillas, turbión el Duero, revuelto, a sus pies.
Bien has visto cómo el Orbigo tuerce en servicio del Esla. También ellos andarían por aquí, Toral de los Guzmanes para abajo. Amasando tierras que tú no ves porque se las han bebido los embalses.
No te sales de la Calzada, y es esto: roja en Benavente, pedrera parda, áspera del Sayago. A la mano izquierda se expanden los campos de la Lampreana; a la derecha, el puente -la puente, se escribía- de Manzanal. Pasas, y en Zamora. Ciudad para estar, y hasta para quedarse, duele que ahí se te diga: "¡Vamos!"
Paralela, se descuelga la raya con Portugal. Cruzando el Duero, los nombres se nos confunden: sobre pizarras visigóticas, tú lees: Bajo León; y yo a la par: Alta Extremadura. Tierra de pan orilla el río; tierra del vino en frente, a la otra orilla. Se vislumbra, "alto soto de torres", Salamanca.


(Del libro "Extremadura, La Fantasía Heroica" de Pedro de Lorenzo)

Tan densas de historia, referencias, cultura, mito, citas, frases memorables, cada página, sus 360 páginas. Un libro para digerirlo la vida entera, mientra hace resonar como campana mi fibra extremeña, hundida, lejana y profunda, pero sensible a estos sones.

7 de septiembre de 2011

Under the Dome

Algo pasa con el libro. O quizás conmigo. No es que no esté bien: tiene todos los ingredientes stephenkingsianos que uno esperaría, una prosa dicharachera y llevadera, la historia está buena, los personajes como siempre magistralmente llevados al punto que uno cree conocerlos como amigos de toda la vida, el elemento sorpresa y la tensión que te lleva de punta a punta del libro. Pero algo. No sé. Quizás, como una especie de factor Fito Paez, que a esta altura del partido toca y canta como una especie de parodia de sí mismo, a esta altura del partido el tipo no puede evitar escribir sin afanarse un poco. Es más: por momentos me agarra la duda si el libro lo escribió el mismísimo Stephen King o en cambio S.K. Incorporated, una especie de factoría literaria que saca libros como chorizos manteniendo el estilo de la franquicia - dicen las malas lenguas que eso viene ocurriendo ya desde hace varios años. O seré yo que ahora leo de otra manera. Pero sin embargo no, porque la relectura de un Tommyknockers o un The Stand o It! qué groso, vuelven a tener casi el mismo gusto que la primera vez. Ya me conozco la historia y las anécdotas y los personajes y las vueltas de tuerca y las historias paralelas y concomitantes de memoria y sin embargo se bancan una relectura sin problemas, al contrario. Y la frutilla del postre agrio, me chocó miserablemente, en Under the Dome, el uso de la palabra "lackadaisically", no porque no la conociera (la conocia) ni porque su significado no se dedujera del contexto (se deducía) ni porque haberla buscado en el Webster no hubiera confirmado lo que sabía (lo confirmó), si no porque es una palabra horrible y además, perdoname que te diga Stephen, indigna de un libro tuyo, y muy bien habías hecho hasta acá en no haberla usado nunca. Apareció una vez en referencia a un ocaso y dije bueh, de vez en cuando un error de juicio estético cualquiera lo tiene; la encontré unas páginas más adelante y no pude reprimir un fruncimiento de labios, a la tercera vez ya protestaba en voz alta. En definitiva el libro se termina y me quedé con más bronca y resentimiento que disfrute por haberlo leído, y ahora que lo estoy releyendo aunque voy prevenido me la encuentro y puteo, me acerco al final (voy por la página 706) y meta chasquear la lengua, no hay caso che, no me va y no me va. Espero mejor a que salga la película y no me hago más mala sangre.

17 de agosto de 2011

La causa contra las lámparas de bajo consumo

Como en todos los órdenes de la vida, desde la taxonomía hasta la política, para cada posición existen defensores y detractores. El ciudadano de a pie se encuentra a menudo en la situación de tener que escuchar argumentos, esgrimidos a veces a los gritos, por ambas partes, que suenan igual de razonables. ¿Cómo se pone uno en situación de tomar partido? Primero aclaremos esta cuestión: ¿Hay que tomar partido y tener una posición tomada en todas y cada una de las cuestiones de la vida? Respuesta: sí. Prosigamos.
Realmente no sé cual habrá sido el real motivo impulsor de la desaparición de la lámpara de filamento, la vieja y querida bombilla común. ¡Y que luego hable de proscripción el PO! El motivo evidente y visible por supuesto es el ecológico: la lámpara de bajo consumo bueh, como su nombre lo indica, consume menos, por lo tanto hace falta talar menos hectáreas de Amazonas por día para mantenerla encendida. Analicemos entonces primero la cuestión con esa misma vara. Nos muestran una de las nuevas de 12W y nos aseguran que alumbra lo mismo que una de 60W. ¡Un quinto de consumo eléctrico para la misma cantidad de luz! Contra semejante diferencia no habria nada que debatir. Pero la eficiencia no es sólo el consumo, hay otros factores a tener en cuenta. El primero, el costo. A precios de supermercado de hoy la lámpara de bajo consumo ronda los 20$ (y a veces más) contra un par de $ la común. Para que sea amortizable debería tener una vida útil diez veces mayor. Es probable que el tubo fluorescente en sí mismo dure diez veces lo que un filamento; pero la experiencia personal me indica que lo que suele fallar en las lámparas de bajo consumo no es el tubo si no la electrónica interna. Por si no vieron como está construida una lámpara de bajo consumo, detallo: tiene un culote que esconde un (relativamente complejo) circuito electrónico que trabaja en alta frecuencia, con un pequeño transformador, que luego alimenta el tubo fluorescente en sí mismo. Ese circuito suele estar malamente diseñado y con componentes con tolerancias en el borde; es decir, propensos a fallas. Cómo se trata de una unidad sellada, la falla de un componente que vale centavos obliga a cambiar la lámpara completa a precio total. Acá viene otra cuestión: tanto para fabricarla, como para deshacerse de ella, una lámpara de bajo consumo es muchísimo menos ecológico que un inocente bulbo de vidrio con un alambre de tungsteno en su interior. Y por último está el asunto del "factor de potencia", es complejo de explicar sin entrar en arduas cuestiones referidas a la corriente alterna y el asunto de la fase cuando la carga es reactiva; para resumirlo digamos que un foco incandescente de 60W consume 60W y te cobran por 60W. Un bajo consumo de 12W consume 12W y te cobran por 12W (si tu medidor es fiable y está bien regulado) pero genera cargas adicionales y desfasajes sobre la línea de alimentación que "alguien" (normalmente, la empresa generadora y/o distribuidora) termina pagando a través de pérdidas en las redes que debe proratear en sus costos. Y todo esto sin entrar en la conspiranoia de que el polvo fluorescente que recubre el interior del tubo es cancerígeno así que si se te rompe una bajo consumo TE MORIS y esas cosas que le gustan a los yanquis. Y dejé para el final un asunto no menor como es el de la estética y el tipo de luz fría que dan esas lámparas, que a mi particularmente me resulta insoportable. Para poder ver igual de bien necesito ponerme un tubo fluorescente de lo grandes e iluminar todo como si fuera un quirófano y termino gastando más y con la vista y la cabeza quemada, cuando con un foquito de 60W estaba bárbaro.
Más datos, en inglés: http://sound.westhost.com/lamps/index.html

16 de agosto de 2011

Un Fuzz muy Retro


Libertad de expresión

Todo el mundo tiene derecho a ser un estúpido.

Y a realizar reclamos espúreos amparado en una ley que sirve para evitar que te copien un MP3.

Volveré a subirlo, redibujado de mi puño y letra, todas las veces que sea necesario.

Gracias!

9 de agosto de 2011

¡Un fuzz muy retro!

(ACA HABIA UNA IMAGEN)
(THERE WAS AN IMAGE HERE)

EDIT:

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27 de abril de 2011

Sopita opositora

- Los radicales son las papas, insulsos si los comés solos y sin sazonar, si los cocinás demasiado se desmigajan y desaparecen.
- La Coalición Cívica, como no podía ser de otra manera, es la zanahoria, eso si, esta se corta solita.
- El "PJ Federal" es el choclo, se va desgranando de a uno hasta que queda el marlo pelado. O el caracú, aporta poco y duro de roer.
- El variopinto espectro socialista/izquierdista son los condimentos, le dan sabor a la cosa, pero siempre en poca cantidad.
- En una buena sopa no pueden faltar esos cositos que flotan y no se sabe bien que carajo son, ponga nombre compañero!

Cocinar a fuego lento hasta que haga caldo y servir calentito en Oktubre.

19 de abril de 2011

Pastafarismo

Los 8 realmentepreferiríaquenoses:


1. Realmente preferiría que no actuases como un imbécil santurrón que se cree mejor que los demás cuando describas mi tallarinesca bondad. Si algunos no creen en mí, no pasa nada. En serio, no soy tan vanidoso. Además esto no es acerca de ellos así que no cambies de tema.

2. Realmente preferiría que no usaras mi existencia como un medio para oprimir, subyugar, castigar, eviscerar, o... ya sabés, ser malo con otros. Yo no pido sacrificios, y la pureza es para el agua potable, no para la gente.

3. Realmente preferiría que no juzgases a las personas por su aspecto, o por cómo visten, o por la manera en que hablan, o... mirá, solo sé bueno, ¿ok? Ah, y te entre en la cabeza: mujer = persona, hombre = persona, iguales = iguales. Ninguno es mejor que el otro, a menos que hablemos de moda pero lo siento: eso se lo dejé a las mujeres y a algunos hombres que conocen la diferencia entre el azul verdoso y el fucsia.

4. Realmente preferiría que no tuvieras una conducta que te ofenda a ti mismo, o a tu compañero amoroso mentalmente maduro y con edad legal para tomar sus propias decisiones. Respecto a cualquier otro que quiera objetar algo, creo que la expresión es "jodete", a menos que lo encuentres ofensivo en cuyo caso pueden apagar el televisor y salir a caminar, para variar.

5. Realmente preferiría que no desafiaras las ideas fanáticas, misóginas, y de odio de otros con el estómago vacío. Come, y luego ve tras los malditos.

6. Realmente preferiría que no construyeras iglesias/templos/mezquitas/santuarios multimillonarios a mi tallarinesca santidad cuando el dinero podría ser mejor gastado en (tú eliges):
1. Terminar con la pobreza.
2. Curar enfermedades.
3. Vivir en paz, amar con pasión, y bajar el precio de la televisión por cable.

Puedo ser un ser omnipresente de carbohidratos complejos, pero disfruto de las cosas sencillas de la vida. Yo lo sé, no por nada SOY el creador.

7. Realmente preferiría que no fueses por ahí contándole a la gente que te hablo. No eres tan interesante. Madurá ya. Te dije que amaras a tu prójimo, ¿no entiendes las indirectas?

8. Realmente preferiría que no le hicieras a los otros lo que no te gustaría que te hiciesen a ti si te van las... eh... las cosas que usan mucho cuero/lubricante/Las Vegas. Si a la otra persona también le interesa (conforme a #4), entonces disfrutalo, saquense fotos, y por el amor de Mike ¡usa un PRESERVATIVO! En serio, es un pedazo de goma. Si no hubiera querido que disfrutarais al hacerlo habría agregado pinches o algo así.

1 de febrero de 2011

Hornero

Vemos fugazmente al pobre pájaro, parado en el medio de la calle. Desconcertado, picotea el duro asfalto, avanza un par de saltitos, raspa infructuoso con su leve pata buscando aquel barro que solía encontrar para hacer su nido, mientras su cerebrito de volátil sólo atina a pensar, "¡Me cago en Cristina!"

23 de enero de 2011

Obvio

De los doscientos y pico de huesos que tiene el cuerpo, ¿cuál me tenía que quebrar? ¡El Peroné, obvio!

17 de enero de 2011

25 de noviembre de 2010

Easy

Easy is the word of the day.

Easy comes, easy goes, take it easy.


(Asignar una melodía pop, y cantar durante cien kilómetros seguidos)

29 de octubre de 2010

Dolina

Mucho tiempo estuvo off este video. Autoreferencial para mi solito.
"El marxista tiene muchas dificultades para ser cínico" (entre otras cosas)

28 de octubre de 2010

Néstor y peronismo siglo XXI

¡Qué lo parió! Ante la muerte el sentimiento que más me aprieta sigue siendo la bronca antes que la tristeza. La tristeza puede ser más a largo plazo, más melancólica y hasta te diría soportable. Pero la bronca es otra cosa, es fuego y ganas de salir a romper cosas. ¡Qué mundo de mierda! Y que haya tanto hijo de puta festejando no mitiga la cosa, no.
La inevitabilidad y previsibilidad del asunto no lo quita nada. ¡Para qué todo, si al final nos vamos a morir igual! Ya se, ya se. Y Néstor tuvo banderazos antes, también ya se. Y así y todo cuando te enterás te quedás op.... no caés. Después si, caés.
Yo no sé quién fue realmente Néstor Kirchner. No lo conocí (aunque estuve a punto, el día que vino a Lobos). No sé qué pensaba, más allá de lo que dijo públicamente, y para mi fue suficiente. No se si, como dicen sus feroces críticos, era un cínico, un demagogo, un enfermo de poder que todo lo que hacía lo hacía persiguiendo una ambición personal u objetivos incofesables. No lo se. Sólo sé que el resultado de su gobierno (y el de Cristina) cumple las espectactivas de lo que yo llamo peronismo. Que fue de casualidad, que el viento de cola, que como dice el mail del PST "fueron logros del pueblo argentino", todo lo que vos quieras, pero el presidente, el líder, fue Néstor. Claro, dicen seguramente la misma clase de personas, si Newton no inventaba el cálculo o no escribía el "Philosophiæ naturalis principia mathematica" alguien más lo iba a hacer. Si, seguro. Pero fue Isaac. Fue Néstor.
Y me soban bien la garza los que no entienden, mejor dicho los que se hacen que no entienden, a que se refiere peronismo. Los ñañañosos que te corren con boludeces, con Menem, Duhalde, Lopez Rega. El peronismo es una religión política, como todas las ideologías, y se define por unos axiomas muy sencillos: Justicia Social, Soberanía Política e Independencia Económica. Ahora agarrá las siguientes medidas y legados y ponelos en el casillero que corresponda, Ley de Medios, asignación universal, recuperación de la jubilación de manos de las AFJP, desendeudamiento y patada en el orto al FMI, Unasur, etc etc. Y si a alguien no le caben en los axiomas se las pueden meter bien en el orto también. Eso es peronismo, y no un escudito ni la franquicia PJ ni la poronga, digan lo que digan Macri, DeNarvaez y demás. En fin, llega la hora de ser reiterativo así que podemos proceder a retirarnos, a hacer cada uno lo que tengamos que hacer y algunos, a recordar a la figura que encarna el renacer del peronismo siglo XXI.

13 de octubre de 2010

Desventuras

Uno

Si tuviésemos que elegir el viaje científico menos cordial de todos los tiempos, no podríamos dar con uno pero que la expedición a Perú de 1735 de la Real Academia de Ciencias Francesas. Dirigida por (...) Pierre Bouguer y (...) Charles Marie de La Condamine, (...) viajó a Perú con el propósito de triangular distancias a través de los Andes. (...)
Las cosas empezaron a salir mal casi inmediatamente. En algunos casos de forma espectacular. En Quito, los visitantes debieron provocar de algún modo a los habitantes de la ciudad, porque una multitud armada con piedras los expulsó de allí. Poco después, el médico de la expedición fue asesinado por un malentendido relacionado con una mujer. El botánico se volvió loco. Otros murieron de fiebres y caídas. El miembro del grupo que ocupaba el tercer puesto en autoridad, un individuo llamado Pierre Dodin se fugó con una muchacha de trece años y no hubo modo de convencerlo de que se reincorporase a la expedición.
En determinado momento, el grupo tuvo que suspender sus trabajos durante ocho meses, mientras La Condamine regresaba a caballo a Lima para resolver unos problemas que había con los permisos. Finalmente, Brouguer y él dejaron de hablarse y se negaron a trabajar juntos. (...)
Los franceses no sólo tuvieron que escalar algunas de las montañas más tremendas del mundo, sino que, para llegar a ellas, tuvieron que atravesar ríos peligrosos, abrirse camino por selvas a golpe de machete y recorrer kilómetros de desierto alto y pedregoso (...). Pero si Bouguer y La Condamine tenían algo era tenacidad, así que persistieron en la tarea durante nueve y medio largos y penosos años de sol abrasador. Poco antes de dar fin a la empresa, les llegó la noticia de que un segundo equipo francés, que había efectuado mediciones en la región septentrional de Escandinavia (...) había descubierto ya que el grado era en realidad mayor cerca de los polos, como había pronosticado Newton. (...)
Bouguer y La Condamine se habían pasado así casi diez años para obtener un resultado, que no era el que querían, sólo para enterarse ahora de que ni siquiera eran los primeros que lo hallaban. Terminaron sus mediciones apáticamente, confirmando con ellas que el primer equipo francés estaba en lo cierto. Luego, sin hablarse aún, regresaron a la costa y zarparon hacia su patria en barcos diferentes.


Dos

El infatigable Edmond Halley había postulado (...) que si se medía el tránsito de Venus por delante del Sol desde puntos determinados de la Tierra, se podían utilizar los principios de la triangulación para calcular la distancia de la Tierra al Sol y para calcular luego las distancias a todos los demás cuerpos del sistema solar.
(...) Fue la primera empresa científica internacional cooperativa de la historia, y surgieron problemas en casi todas partes. Muchos observadores se vieron frustrados en sus propósitos por la guerra, la enfermedad o el naufragio. Otros llegaron a su destino, pero cuando abrieron sus cajas se encontraron con que el equipo se había roto o estaba alabeado por el calor del trópico. Los franceses parecieron destinados una vez más a aportar los participantes más memorablemente desafortunados. Jean Chappe pasó meses viajando por Siberia en coche de caballos, barco y trineo, protegiendo sus delicados instrumentos de las peligrosas sacudidas, sólo para encontrarse con el último tramo vital de la ruta bloqueado por desbordamientos fluviales, consecuencia de unas lluvias de primavera particularmente intensas, que los habitantes de la zona se apresuraron a achacarle a él después de verle enfocar hacia el cielo sus extraños instrumentos. Chappe consiguió escapar con vida, pero no pudo realizar ninguna medición útil.
Peor suerte corrió Guillaume Le Gentil, cuyas experiencias resumió maravillosamente Timothy Ferris en Coming of Age in the Milky Way. Le Gentil partió de Francia con un año de antelación para observar el tránsito en la India, pero se interpusieron en su camino diversos obstáculos y aún seguía en el mar el día del tránsito... Era precisamente el peor sitio donde podía estar, ya que era imposible efectuar mediciones precisas en un barco balanceante en movimiento.
Le Gentil, pese a todo, continuó hasta la India para esperar allí el tránsito siguiente, el de 1769. Como disponía de ocho años para prepararse, pudo construir una estación observatorio de primera categoría, comprobar una y otra vez los instrumentos y tenerlo todo a punto. La mañana del segundo tránsito, el 4 de junio de 1769, despertó y comprobó que hacía un dia excelente. Pero justo cuando Venus iniciaba el tránsito, se deslizó delante del Sol una nube que permaneció allí casi las tres horas, catorce minutos y siete segundos que duró el tránsito.
Le Gentil empaquetó estoicamente los instrumentos y partió hacia el puerto más cercano, pero en el camino contrajo disentería y tuvo que guardar cama casi un año. Consiguió finalmente embarcar, débil aún. En la travesía estuvo a punto de naufragar en la costa africana debido a un huracán. Cuando por fin llegó a Francia, once años y medio después de su partida, descubrió que sus parientes le habían declarado muerto en su ausencia y se habían dedicado con gran entusiasmo a dilapidar su fortuna.




Extraído sin permiso de "Una breve historia de casi todo" de Bill Bryson.

9 de agosto de 2010

Prejuicio y melancolía

Admito, o me vanaglorio, de ser capaz de rastrear en mí mismo el origen de la mayoría de mis prejuicios. Es un ejercicio interesante en todo sentido, aunque no siempre fructífero. Sensaciones o pareceres arraigados en mí desde la época en la que blando como masilla me formaba, ahora que soy duro como la piedra se me hace cuesta arriba modificarlos. Eso no quita que cada tanto un martillazo certero me haga saltar alguna esquirla, entre chispazos y olor a quemado. También es interesante porque me permite ver en los demás, casi siempre, por donde les tira la sisa, por así decirlo.
La melancolía, por otro lado. Esa cosa tan difícil de definir de tan parecida a la nostalgia. ¿Será la melancolía una de esas características del ser que se me han pegado de puro argentino nomás? Tampoco es que sea un tipo de andar todo el día con los ojos vidriosos y suspirando por los rincones, al contrario suelo disfrutar bastante de las historias y las canciones melancólicas, así como de la vida, que de por si es melancólica. Pero la nostalgia es el ansia por lo lejano o la pena por una dicha perdida (dice la rae), la melancolía es más un estado de ánimo continuo. Será por eso que uno se ata a sus pequeños fetiches, manías que intentan convencernos de lo contrario a lo evidente, el tiempo no pasa, ya no somos niños, puedo volver a Roca y sentir lo que sentía hace 25 años.
Así que en el sopor del viaje en auto, ponen en la radio un tema que no conocía, y aquí mis retazos de prejuicio y melancolía. Prejuicio porque Serrat siempre, o mejor dicho hasta hace relativamente poco, estuvo negado para mi por tenerlo muy asociado a lo psicobolche que detesto tanto. No conozco casi nada salvo lo evidente de su producción, y asi y todo este tema, aún con esos horribles violincitos chillones de fondo, tocó en mi una fibra de melancolía que no tan extrañamente, me resultó muy agradable. Será que melancolía es eso, poder por fin escuchar algo como esto y entenderlo todo con una sonrisa cómplice, y no sensiblería pedorra.